La joven se levantó y guardo sus rasgos de súcubo, volviendo así al aspecto de una joven normal. Salió de la habitación, no quiso mirar a aquel que para ella ya no sería nunca más su padre, sino aquel asesino que mató a su madre.
Volviendo a la habitación donde todo había empezado, se acercó al cuerpo inerte de su madre. La cogió en sus brazos, en un símbolo maternal.
-Ya puedes estar tranquila, mamá, quizá no hubiera sido lo que quisieras que hubiera hecho, pero no podía permitir que ese hombre siguiera con vida y que le hiciera más daño a otras mujeres. Ya puedes ser feliz y no te preocupes por mí, yo estaré bien… La luna me guiará a través del cielo, iluminando el camino que deberé seguir, pues los días que pasan no tienen ninguna respuesta y no sé qué sucederá de ahora en adelante…- Jessica no pudo evitar soltar alguna que otra lágrima y, por un momento, creyó ver que aparecía una dulce sonrisa en el rostro de su madre. Cuando vio ese espejismo, no pudo reprimir una sonrisa.
La joven se alejó de la casa, con la ropa todavía manchada de sangre y sin saber muy bien como lo hizo, desapareció.
En verdad, no desapareció, sino que se fue a su nuevo hogar, al lugar donde habitan los demonios. Y allí estaban los dos jóvenes de antes.
-Yo soy Luna- dijo la chica.
-Yo soy Samael, joven súcubo, desde ahora, quedas ligada a este lugar, y, desde este momento, poseerás un nuevo nombre, un nombre que vaya acorde con tu nuevo poder. ¿Cómo deseas llamarte, bella súcubo?-.
Al súcubo no le hizo falta pararse a pensar, pues tenía claro, cual iba a ser su nuevo nombre.
-Yo como nuevo súcubo, renuncio a mi condición de mortal y con ella, renuncio de mi nombre. Desde este preciso momento, por todas las tierras de los mortales y de los demonios, se me conocerá como… Lilith- pronunció con gran orgullo esta última palabra.
-Bienvenida, joven Lilith- pronunciaron a la vez Luna y Samael, sin poder evitar una sonrisa que dejó ver sus dientes blancos de demonios.
Como ya puedes imaginarte, Lilith se convirtió en un gran súcubo, a decir verdad, uno de los favoritos del mismísimo Belcebú, y las historias de una joven misteriosa de pelo del color del fuego, se extendieron entre los humanos durante los años siguientes. Los fuegos del infierno susurran sus hazañas en un canto sin final.
Y ahí está la joven niña que empezó nuestra historia, convertida en una peligrosa mujer, cuyo poder no puede entender la mente humana.
Esta historia puedes creértela o no, incluso decir que es un cuento estúpido, pero nunca olvides esta palabra: Lilith…
Espero que os haya gustado y me gustaría que dierais vuestra opinión en un simple comentario ^^
Oscuros y sangrientos besos!^^
Mostrando entradas con la etiqueta La estirpe de Lilith. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La estirpe de Lilith. Mostrar todas las entradas
lunes, 15 de febrero de 2010
viernes, 12 de febrero de 2010
La estirpe de Lilith- 7º parte
El beso duro un minuto, y en ese minuto el hombre pudo descubrir las verdaderas intenciones de aquel amargo beso. Cuando sus labios se juntaron, la magia del súcubo se hizo presente, y la simple alma de aquel mortal se rompió en mil pedazos. Así, las fuerzas del hombre fueron absorbidas por el demonio y, con ellas, retazos del alma del hombre que había sido.
La sensación fue indescriptible… el hombre pudo sentir que perdía sus fuerzas sin remedio, sentía como poco a poco, la muerte hacía presencia y le llamaba hacía él. Por el contrario, quería seguir besando a aquel bello y sexy demonio, pues todo lo que rodeaba a aquel ser, atraía a aquel insensato hombre.
Por fin, sus labios se separaron, y la presencia del súcubo se hizo más fuerte, ahora que había satisfecho sus ansias de almas mortales.
-¿Te gusta?- dijo divertida, otra vez.
-Sí…-dijo casi en un suspiro.
-¿Sabes? A mí también me gusta- y sin decir una sola palabra más, se puso a bailar con el pobre hombre, que ahora parecía más un muerto viviente.
-¡Bailemos! ¡Divirtámonos! Que Belcebú vea con sus propios ojos esta danza que le dedicamos, pues pronto, tu alma estará con él, con mi señor… En el mismísimo infierno…-.
Después de dar tres o cuatros vueltas más en esa macabra danza, Jessica lanzó a su padre contra la mecedora. El hombre, recibió un fuerte golpe e, incluso, no pudo evitar toser y escupir algo de sangre.
Pero Jessica no quería que su padre sufriera tan poco, quería oírle gritar…
Exhibiendo sus blancos colmillos se acercó a la mecedora, y sin mediar palabra, consideró que la hora de la verdadera tortura, empezaba en ese momento.
En primer lugar se sentó encima de su padre y le quitó la camiseta que llevaba puesta. Le lamió el torso desnudo y, posteriormente, le mordió y arañó con fuerza. Ella no poseía veneno como los vampiros, pero sus colmillos eran tan efectivos como los ellos.
El mortal empezó a desangrarse con rapidez, y por primera vez, comprendió los verdaderos significados de las palabras dolor, agonía, tortura y desolación. En cambio, el dolor sobrehumano al que estaba sometido, mientras la que había sido su hija seguía destrozando su cuerpo, no le parecía tan malo, si estaba con ella, pues aún después de lo que le estaba haciendo, deseaba con todas sus fuerzas estar con ella. Obviamente ese deseo, era algo involuntario, creado por la magia que posee cualquier súcubo, pero él nunca lo supo.
Fue tal la tortura a la que estaba sometido, que llegó a perder la visión, y ahora quedaba totalmente sumergido en un mundo de tinieblas. Y fue ese el momento en que Jessica paró.
La joven miró al hombre, cuyo cuerpo estaba destrozado, lleno de mordeduras y arañazos, cubierto prácticamente entero por su propia sangre. Pero ella no se fijó en eso, se fijo en sus ojos, esos que ahora miraban perdidos a la nada, y que antaño la habían mirado con el amor de un padre.
-Saluda a mi señor de mi parte, papá…- y con un último beso, termino de robarle su oscura alma…
La sensación fue indescriptible… el hombre pudo sentir que perdía sus fuerzas sin remedio, sentía como poco a poco, la muerte hacía presencia y le llamaba hacía él. Por el contrario, quería seguir besando a aquel bello y sexy demonio, pues todo lo que rodeaba a aquel ser, atraía a aquel insensato hombre.
Por fin, sus labios se separaron, y la presencia del súcubo se hizo más fuerte, ahora que había satisfecho sus ansias de almas mortales.
-¿Te gusta?- dijo divertida, otra vez.
-Sí…-dijo casi en un suspiro.
-¿Sabes? A mí también me gusta- y sin decir una sola palabra más, se puso a bailar con el pobre hombre, que ahora parecía más un muerto viviente.
-¡Bailemos! ¡Divirtámonos! Que Belcebú vea con sus propios ojos esta danza que le dedicamos, pues pronto, tu alma estará con él, con mi señor… En el mismísimo infierno…-.
Después de dar tres o cuatros vueltas más en esa macabra danza, Jessica lanzó a su padre contra la mecedora. El hombre, recibió un fuerte golpe e, incluso, no pudo evitar toser y escupir algo de sangre.
Pero Jessica no quería que su padre sufriera tan poco, quería oírle gritar…
Exhibiendo sus blancos colmillos se acercó a la mecedora, y sin mediar palabra, consideró que la hora de la verdadera tortura, empezaba en ese momento.
En primer lugar se sentó encima de su padre y le quitó la camiseta que llevaba puesta. Le lamió el torso desnudo y, posteriormente, le mordió y arañó con fuerza. Ella no poseía veneno como los vampiros, pero sus colmillos eran tan efectivos como los ellos.
El mortal empezó a desangrarse con rapidez, y por primera vez, comprendió los verdaderos significados de las palabras dolor, agonía, tortura y desolación. En cambio, el dolor sobrehumano al que estaba sometido, mientras la que había sido su hija seguía destrozando su cuerpo, no le parecía tan malo, si estaba con ella, pues aún después de lo que le estaba haciendo, deseaba con todas sus fuerzas estar con ella. Obviamente ese deseo, era algo involuntario, creado por la magia que posee cualquier súcubo, pero él nunca lo supo.
Fue tal la tortura a la que estaba sometido, que llegó a perder la visión, y ahora quedaba totalmente sumergido en un mundo de tinieblas. Y fue ese el momento en que Jessica paró.
La joven miró al hombre, cuyo cuerpo estaba destrozado, lleno de mordeduras y arañazos, cubierto prácticamente entero por su propia sangre. Pero ella no se fijó en eso, se fijo en sus ojos, esos que ahora miraban perdidos a la nada, y que antaño la habían mirado con el amor de un padre.
-Saluda a mi señor de mi parte, papá…- y con un último beso, termino de robarle su oscura alma…
miércoles, 10 de febrero de 2010
La estirpe de Lilith- 6º parte
El silencio hizo presencia poco a poco, mientras la joven seguía recitando las palabras. Cuando Jessica fue capaz de volver abrir los ojos, pues los había cerrado mientras pronunciaba el pacto, se encontró en un verde prado.
-Es… estoy muerta…- observó el prado con asombro, y vio que el cielo era de un rojo hermoso.
-¿De verdad aceptas el pacto?- la hermosa voz fue acompañada con la aparición de dos figuras.
Parecía que las palabras habían sido pronunciadas por una joven de aspecto siniestro. Su pelo blanco y sus ojos rojos llamaron la atención de Jessica. Al lado de la joven misteriosa, había un joven de pelo negro y unos ojos violetas sobrenaturales.
-Sí, acepto-.
-Debes saber, que quedaras ligada a nosotros por toda la eternidad- dijo el joven.
-Lo sé, y no me importa-.
-Si mueres, nunca podrás ir al cielo ni al infierno- dijo con tono áspero la misteriosa joven.
En aquel momento en la mente de Jessica apareció el recuerdo de los ojos de su madre, antes de morir.
-Me da igual, no podré volver a ver a mi madre, pero su recuerdo me acompaña… Tengo que vengar su muerte por ella, y romper las cadenas que me unen al sucio traidor de mi padre…-.
-Como desees bella joven- dijo alegremente el otro joven.
Al momento siguiente volvía a estar delante de la mecedora con el libro de “La estirpe de Lilith” en sus manos. Pero ahora era diferente… Ella era diferente… Notaba su nuevo poder correr por todo su cuerpo.
En ese momento no pudo evitar su poder, dejó el libro en la mecedora, y expandió su nuevo poder... Dos enormes alas parecidas a las de los murciélagos, salieron de su espalda, así como una fría cola. Ahora miraba todo de diferente manera, lo veía más nítido, y la oscuridad ya no era problema para sus ojos.
Mientras tanto, su padre, ajeno a lo que había pasado, seguía buscándola. Caminó por aquel frío lugar.
-Deja de esconderte…-.
Pronto se situó delante de la mecedora, que ahora se movía, como si alguien hubiera estado sentado en ella, y, encima suya, el libro mágico.
-Yo no me escondo- dijo una majestuosa voz detrás de él.
-Pero que…- el hombre se quedó alucinando cuando al girarse, se encontró con aquel súcubo, que había sido su hija.
Sin darse cuenta, soltó la pistola, cayendo al suelo con estrépito.
La figura que se encontraba delante de él, era la de su hija, pero ahora la veía como una mujer hermosa, la atraía con fuerza y quería tenerla solo para él, a pesar de sus dos enormes alas y la cola de súcubo.
-Te… ¿te gusta lo que ves?- dijo con malicia la joven.
Su padre, sin pronunciar palabra alguna, se acercó a ella, e, incluso, intentó besarla.
Jessica por su parte, dejó que lo intentara, pero cuando sus labios estaban a punto de tocarse, apartó su cara.
-¿Te gusta?- volvió a preguntar.
-Sí… me gusta… me gusta mucho-.
El súcubo cogió la cara de su presa con delicadeza y la colocó para que la mirara directamente a ella.
-¿Te gusta?- dijo mientras cogía las manos de su padre y recorría con ellas su esbelta figura.
-Sí…-.
Al oír la respuesta, Jessica estalló en carcajadas. El hombre absorto con la bella imagen que tenía delante, no se preocupó por la lúgubre risa que había soltado, la que hasta hacía unos minutos había sido su hija. La magia que ahora tenía la joven niña de nuestra historia, era tan poderosa que era capaz de embelesar a cualquier hombre con su simple presencia.
Deslizándose poco a poco, el súcubo acerco sus labios a los del hombre o, más bien, los de su presa. Y al fin, el hombre tuvo lo que más deseaba en ese momento, un beso del demonio que tenía delante.
-Es… estoy muerta…- observó el prado con asombro, y vio que el cielo era de un rojo hermoso.
-¿De verdad aceptas el pacto?- la hermosa voz fue acompañada con la aparición de dos figuras.
Parecía que las palabras habían sido pronunciadas por una joven de aspecto siniestro. Su pelo blanco y sus ojos rojos llamaron la atención de Jessica. Al lado de la joven misteriosa, había un joven de pelo negro y unos ojos violetas sobrenaturales.
-Sí, acepto-.
-Debes saber, que quedaras ligada a nosotros por toda la eternidad- dijo el joven.
-Lo sé, y no me importa-.
-Si mueres, nunca podrás ir al cielo ni al infierno- dijo con tono áspero la misteriosa joven.
En aquel momento en la mente de Jessica apareció el recuerdo de los ojos de su madre, antes de morir.
-Me da igual, no podré volver a ver a mi madre, pero su recuerdo me acompaña… Tengo que vengar su muerte por ella, y romper las cadenas que me unen al sucio traidor de mi padre…-.
-Como desees bella joven- dijo alegremente el otro joven.
Al momento siguiente volvía a estar delante de la mecedora con el libro de “La estirpe de Lilith” en sus manos. Pero ahora era diferente… Ella era diferente… Notaba su nuevo poder correr por todo su cuerpo.
En ese momento no pudo evitar su poder, dejó el libro en la mecedora, y expandió su nuevo poder... Dos enormes alas parecidas a las de los murciélagos, salieron de su espalda, así como una fría cola. Ahora miraba todo de diferente manera, lo veía más nítido, y la oscuridad ya no era problema para sus ojos.
Mientras tanto, su padre, ajeno a lo que había pasado, seguía buscándola. Caminó por aquel frío lugar.
-Deja de esconderte…-.
Pronto se situó delante de la mecedora, que ahora se movía, como si alguien hubiera estado sentado en ella, y, encima suya, el libro mágico.
-Yo no me escondo- dijo una majestuosa voz detrás de él.
-Pero que…- el hombre se quedó alucinando cuando al girarse, se encontró con aquel súcubo, que había sido su hija.
Sin darse cuenta, soltó la pistola, cayendo al suelo con estrépito.
La figura que se encontraba delante de él, era la de su hija, pero ahora la veía como una mujer hermosa, la atraía con fuerza y quería tenerla solo para él, a pesar de sus dos enormes alas y la cola de súcubo.
-Te… ¿te gusta lo que ves?- dijo con malicia la joven.
Su padre, sin pronunciar palabra alguna, se acercó a ella, e, incluso, intentó besarla.
Jessica por su parte, dejó que lo intentara, pero cuando sus labios estaban a punto de tocarse, apartó su cara.
-¿Te gusta?- volvió a preguntar.
-Sí… me gusta… me gusta mucho-.
El súcubo cogió la cara de su presa con delicadeza y la colocó para que la mirara directamente a ella.
-¿Te gusta?- dijo mientras cogía las manos de su padre y recorría con ellas su esbelta figura.
-Sí…-.
Al oír la respuesta, Jessica estalló en carcajadas. El hombre absorto con la bella imagen que tenía delante, no se preocupó por la lúgubre risa que había soltado, la que hasta hacía unos minutos había sido su hija. La magia que ahora tenía la joven niña de nuestra historia, era tan poderosa que era capaz de embelesar a cualquier hombre con su simple presencia.
Deslizándose poco a poco, el súcubo acerco sus labios a los del hombre o, más bien, los de su presa. Y al fin, el hombre tuvo lo que más deseaba en ese momento, un beso del demonio que tenía delante.
martes, 9 de febrero de 2010
La estirpe de Lilith- 5º parte
La joven pudo ver como el cuerpo inerte de aquel hombre caía sobre los brazos de su desconsolada madre.
Pero el silencio duró poco, y otro disparo retumbó en la habitación.
Jessica no olvidará nunca aquel momento, aquel en el que los ojos de su madre la miraron con ternura y al segundo siguiente se perdían para siempre…
-Y ahora…- su padre se giró esperando ver a la joven Jessica, pero no encontró nada.
Con el recuerdo de los ojos de su madre, Jessica corría por la casa, sin rumbo alguno.
-¡Cariño, no intentes llamar que ya he cortado la línea! No soy imbécil… - las palabras apuñalaron a la joven, y más aún, cuando pudo imaginar que provenían justo de la entrada de la casa…
Corrió y corrió, y decidió subir al trastero, para ocultarse entre los trastos. La joven supuso que los vecinos debían haber oído los disparos, y ahora rezaba para que ellos llamaran a la policía.
En medio de aquella horrible situación Jessica se escondió en el trastero, únicamente iluminado por la luz de la luna y las estrellas.
Después de un rato, que le pareció un siglo, miro el reloj. Ya había pasado más de media hora, se suponía que de haber llamado algún vecino a la policía, ya debería de haber llegado.
Pero entonces, la puerta del trastero se volvió a abrir, y entre las sombras distinguió los rasgos de la persona que había matado minutos antes a su madre, su padre.
En un absurdo intento de intentar no hacer ruido, la joven se tapó la boca con las manos.
Moviéndose lo más lento y silenciosamente posible, Jessica se alejó lo más posible de la figura de su padre.
Por otro lado, su padre decidió disparar a la nada, como símbolo de que lo único que le esperaba a su hija, era una de esas balas…
La joven asustada se deslizó hacia atrás sin mirar, cuando un pico la pilló por sorpresa. Girándose lentamente, quiso saber qué había detrás de ella. Entonces, descubrió la mecedora donde se sentó a leer, cuando todo empezó.
Después de todos esos años, ahí seguía aquel libro que la había hecho soñar.
“La estirpe de Lilith” dijo para sí misma.
En un loco intento, buscó la última página que había leído. En esa página, estaba escrito un hechizo, bueno, más que un hechizo, un pacto. Ese “pacto” se realizaría con los demonios, para que un simple mortal, pudiera conseguir los mismos poderes que un demonio, al igual que había hecho Lilith en su tiempo.
Cada vez sentía más cerca el aliento de su padre, mientras ella, pasaba las hojas en busca de las palabras adecuadas.
“¡Por fin!” pensó.
Allí estaba, esa vieja hoja, escrita con tinta negra…
-Demonios de la vida y la muerte, señores de la oscuridad de los condenados, vosotros rodeados del canto de las almas en pena. Los Nacidos de sangre de ángeles, de sangre tan roja como vuestro infierno. Yo… Yo os llamo a todos- hizo una corta pausa en su pequeño discurso que pronuncia tan bajo, que casi no era perceptible al oído humano- Dadme vuestro poder, yo os llamo para realizar este pacto. Yo, Jessica, hija de los hombres, reniego de mi condición mortal y pido vuestro poder, a cambio ofrezco mis servicios, y mi propia alma…-.
Pero el silencio duró poco, y otro disparo retumbó en la habitación.
Jessica no olvidará nunca aquel momento, aquel en el que los ojos de su madre la miraron con ternura y al segundo siguiente se perdían para siempre…
-Y ahora…- su padre se giró esperando ver a la joven Jessica, pero no encontró nada.
Con el recuerdo de los ojos de su madre, Jessica corría por la casa, sin rumbo alguno.
-¡Cariño, no intentes llamar que ya he cortado la línea! No soy imbécil… - las palabras apuñalaron a la joven, y más aún, cuando pudo imaginar que provenían justo de la entrada de la casa…
Corrió y corrió, y decidió subir al trastero, para ocultarse entre los trastos. La joven supuso que los vecinos debían haber oído los disparos, y ahora rezaba para que ellos llamaran a la policía.
En medio de aquella horrible situación Jessica se escondió en el trastero, únicamente iluminado por la luz de la luna y las estrellas.
Después de un rato, que le pareció un siglo, miro el reloj. Ya había pasado más de media hora, se suponía que de haber llamado algún vecino a la policía, ya debería de haber llegado.
Pero entonces, la puerta del trastero se volvió a abrir, y entre las sombras distinguió los rasgos de la persona que había matado minutos antes a su madre, su padre.
En un absurdo intento de intentar no hacer ruido, la joven se tapó la boca con las manos.
Moviéndose lo más lento y silenciosamente posible, Jessica se alejó lo más posible de la figura de su padre.
Por otro lado, su padre decidió disparar a la nada, como símbolo de que lo único que le esperaba a su hija, era una de esas balas…
La joven asustada se deslizó hacia atrás sin mirar, cuando un pico la pilló por sorpresa. Girándose lentamente, quiso saber qué había detrás de ella. Entonces, descubrió la mecedora donde se sentó a leer, cuando todo empezó.
Después de todos esos años, ahí seguía aquel libro que la había hecho soñar.
“La estirpe de Lilith” dijo para sí misma.
En un loco intento, buscó la última página que había leído. En esa página, estaba escrito un hechizo, bueno, más que un hechizo, un pacto. Ese “pacto” se realizaría con los demonios, para que un simple mortal, pudiera conseguir los mismos poderes que un demonio, al igual que había hecho Lilith en su tiempo.
Cada vez sentía más cerca el aliento de su padre, mientras ella, pasaba las hojas en busca de las palabras adecuadas.
“¡Por fin!” pensó.
Allí estaba, esa vieja hoja, escrita con tinta negra…
-Demonios de la vida y la muerte, señores de la oscuridad de los condenados, vosotros rodeados del canto de las almas en pena. Los Nacidos de sangre de ángeles, de sangre tan roja como vuestro infierno. Yo… Yo os llamo a todos- hizo una corta pausa en su pequeño discurso que pronuncia tan bajo, que casi no era perceptible al oído humano- Dadme vuestro poder, yo os llamo para realizar este pacto. Yo, Jessica, hija de los hombres, reniego de mi condición mortal y pido vuestro poder, a cambio ofrezco mis servicios, y mi propia alma…-.
lunes, 8 de febrero de 2010
La estirpe de Lilith- 4º parte
La niña que antes había sido alegre, ahora vestía una triste aura de amargura.
Pronto las disputas fueron empeorando… pero Jessica ya no se atrevía a meterse en medio.
Los años pasaron, y la niña dejó paso a una joven hermosa. Ahora sus padres estaban divorciados, pero su madre ya había empezado a rehacer su vida.
En un día de esos en que su madre volvía a casa con su nuevo novio, Jessica pudo ver una hermosa sonrisa en el rostro de su madre.
Ese día, iban a cenar los tres, como una familia más, y la noche parecía discurrir tranquilamente, cuando alguien llamó a la puerta.
El hombre de la sala, en otras palabras, el novio de la madre de Jessica, fue quien se levanto para abrir la puerta.
Cuando desapareció de allí, la joven admiró el rostro alegre de su madre, pues en los últimos años, habían sido pocas las veces que la había visto así.
De repente un golpe volvió a la realidad a Jessica.
-¡Déjame verla!- se oyó.
-Esa voz…- la voz temblorosa de la mujer hizo notar su angustia.
-¡Tú! Como te atreves…- la figura del hombre apareció en la habitación, y la joven pudo ver el aspecto que ahora presentaba su padre.
Todo sucedió muy rápido, el padre de Jessica cogió a su madre por el brazo con violencia.
-¡Tú! Tú eres mía, y solo mía…-.
La ira inundó a la joven al oír aquellas palabras.
-Ella… ella no es un objeto que tú puedas poseer ¡y menos aún después de decirla que ya no la amas!-.
Entonces la mirada de padre e hija se cruzaron… pero un ruido las volvió a separar.
-¡Déjala!- gritó el hombre, al ver como tenían agarrada a su amor.
En ese momento de distracción, la mujer aprovechó para huir del que antes había sido su marido, para juntarse con la persona a la que ahora amaba.
Al verlo, una estridente sonrisa nació del padre de Jessica.
-Bien… si no eres mía, ¡no serás de nadie!- mientras iba pronunciando estas últimas palabras sacó algo de su chaqueta, algo que Jessica no pudo ver.
-¡Pero qué!...- la frase quedó cortada con el ruido de un disparo, y la voz que las había pronunciado quedó perdida en la inmensidad de la nada.
Pronto las disputas fueron empeorando… pero Jessica ya no se atrevía a meterse en medio.
Los años pasaron, y la niña dejó paso a una joven hermosa. Ahora sus padres estaban divorciados, pero su madre ya había empezado a rehacer su vida.
En un día de esos en que su madre volvía a casa con su nuevo novio, Jessica pudo ver una hermosa sonrisa en el rostro de su madre.
Ese día, iban a cenar los tres, como una familia más, y la noche parecía discurrir tranquilamente, cuando alguien llamó a la puerta.
El hombre de la sala, en otras palabras, el novio de la madre de Jessica, fue quien se levanto para abrir la puerta.
Cuando desapareció de allí, la joven admiró el rostro alegre de su madre, pues en los últimos años, habían sido pocas las veces que la había visto así.
De repente un golpe volvió a la realidad a Jessica.
-¡Déjame verla!- se oyó.
-Esa voz…- la voz temblorosa de la mujer hizo notar su angustia.
-¡Tú! Como te atreves…- la figura del hombre apareció en la habitación, y la joven pudo ver el aspecto que ahora presentaba su padre.
Todo sucedió muy rápido, el padre de Jessica cogió a su madre por el brazo con violencia.
-¡Tú! Tú eres mía, y solo mía…-.
La ira inundó a la joven al oír aquellas palabras.
-Ella… ella no es un objeto que tú puedas poseer ¡y menos aún después de decirla que ya no la amas!-.
Entonces la mirada de padre e hija se cruzaron… pero un ruido las volvió a separar.
-¡Déjala!- gritó el hombre, al ver como tenían agarrada a su amor.
En ese momento de distracción, la mujer aprovechó para huir del que antes había sido su marido, para juntarse con la persona a la que ahora amaba.
Al verlo, una estridente sonrisa nació del padre de Jessica.
-Bien… si no eres mía, ¡no serás de nadie!- mientras iba pronunciando estas últimas palabras sacó algo de su chaqueta, algo que Jessica no pudo ver.
-¡Pero qué!...- la frase quedó cortada con el ruido de un disparo, y la voz que las había pronunciado quedó perdida en la inmensidad de la nada.
La estirpe de Lilith- 3º parte
-Lilith… Se dice que Lilith fue la primera mujer que pisó la tierra virgen de la Tierra…-
La historia de Lilith se remonta al principio de la creación, cuando Yavéh creó al hombre y a la mujer a partir de barro. Entonces nacieron Adán y Lilith. Pero estos nunca consiguieron entenderse, y Lilith, con su fuerte temperamento, decidió huir de aquel lugar, y ser libre, pues ella había sido creada igual que el hombre, y no tenía por qué obedecerle a él. Así, se unió a los demonios y, haciendo un pacto con el mismísimo Belcebú, recibió los poderes de un demonio. Cuenta la tradición que fue la primera súcubo. Una mujer con temperamento y voluntad, que decidió romper las cadenas no solo con el hombre, sino con su dios. En ese mismo momento Yavéh, creó a Eva de la costilla de Adán, para que esta fuera más dócil.
La historia había fascinado a Jessica, la cual, nunca la había oído.
Pero la hora de la cena llegó, y no pudo continuar deleitándose con aquellas palabras.
Esta vez, ya no importaba que ella estuviera presente, los gritos y las amenazas brotaron de las gargantas de sus padres. Hasta que dejaron paso a otra cosa…
Su padre le dio a una bofetada a su madre…
-Yo… Yo no te quiero…- dijo mientras se apartaba de ella.
Las palabras hirieron tanto a su madre como a la pequeña niña.
Enfadada, comenzó a llorar.
-¡Como puedes decir eso! ¡Nunca estas el suficiente tiempo aquí como para saber cómo es mamá! Eres… ¡Eres un estúpido!-.
Y con un suave movimiento, la niña recibió en ese momento, otra bofetada.
-¡Como te atreves!- gritó su padre.
Pero la niña ya había salido corriendo, sin mirar atrás.
Desde aquel día, no volvió a tocar el libro “La estirpe de Lilith”.
La historia de Lilith se remonta al principio de la creación, cuando Yavéh creó al hombre y a la mujer a partir de barro. Entonces nacieron Adán y Lilith. Pero estos nunca consiguieron entenderse, y Lilith, con su fuerte temperamento, decidió huir de aquel lugar, y ser libre, pues ella había sido creada igual que el hombre, y no tenía por qué obedecerle a él. Así, se unió a los demonios y, haciendo un pacto con el mismísimo Belcebú, recibió los poderes de un demonio. Cuenta la tradición que fue la primera súcubo. Una mujer con temperamento y voluntad, que decidió romper las cadenas no solo con el hombre, sino con su dios. En ese mismo momento Yavéh, creó a Eva de la costilla de Adán, para que esta fuera más dócil.
La historia había fascinado a Jessica, la cual, nunca la había oído.
Pero la hora de la cena llegó, y no pudo continuar deleitándose con aquellas palabras.
Esta vez, ya no importaba que ella estuviera presente, los gritos y las amenazas brotaron de las gargantas de sus padres. Hasta que dejaron paso a otra cosa…
Su padre le dio a una bofetada a su madre…
-Yo… Yo no te quiero…- dijo mientras se apartaba de ella.
Las palabras hirieron tanto a su madre como a la pequeña niña.
Enfadada, comenzó a llorar.
-¡Como puedes decir eso! ¡Nunca estas el suficiente tiempo aquí como para saber cómo es mamá! Eres… ¡Eres un estúpido!-.
Y con un suave movimiento, la niña recibió en ese momento, otra bofetada.
-¡Como te atreves!- gritó su padre.
Pero la niña ya había salido corriendo, sin mirar atrás.
Desde aquel día, no volvió a tocar el libro “La estirpe de Lilith”.
viernes, 5 de febrero de 2010
La estirpe de Lilith- 2º parte
Un día, nuestra pequeña amiga Jessica, fue con su clase a una gran biblioteca. Era una de las tantas excursiones que se realizaban con el colegio. Como trabajo, después de visitar la estancia, fue buscar un libro para realizar una exposición sobre él, la próxima semana en clase.
Los niños que la acompañaban corrieron en busca del mejor libro, para impresionar al resto de su clase. Todos fueron directos a la zona de la literatura infantil, bueno, todos no, Jessica decidió dar una vuelta por todo el edificio, en busca de algo realmente interesante.
En profundo silencio, recorrió una y otra estantería, leyendo cada uno de los títulos que se encontraba delante de ella. Y allí, en una esquina, encontró algo, que la hizo sonreír. Se trataba de una sección únicamente de libros sobre magia y mitología. Esos libros no eran los que podían encontrarse en la sección infantil, con miles de dibujos, sino libros grandes, pesados, y, sobretodo, antiguos. -Historias de brujas, Mitologías del mundo, La historia del Tarot…- Jessica fue leyendo los títulos de los libro uno a uno, hasta que por fin, llegó a uno que, definitivamente, era el que quería.
Con una delicadeza increíble, alargó el brazo y cogió aquel libro.
-La estirpe de Lilith…-.
Jessica no sabía quién era Lilith, pero decidió que ese era el libro que quería.
Era un libro antiguo, de color rojo, sin portada alguna, excepto unas letras negras que formaban el título. No tenía escrito el autor en ningún lado, ni nada que pudiera relacionarlo con una persona, o un país.
Feliz por haber encontrado aquel libro, volvió con sus compañeros.
Terminado el horario escolar y de vuelta ya en casa, Jessica se dispuso a leer su nuevo libro. Estaba escrito en castellano antiguo y a mano, lo que dificultaba la lectura a aquella pobre niña. Aún así, pudo descubrir un maravilloso mundo de demonios, vampiros, súcubos e íncubos. Pero la duda de quién sería esa tal Lilith, aun no tuvo respuesta alguna.
Así, pasaron los días, y el mundo de las tinieblas y la oscuridad fue abriéndose paso por la mente de la inocente niña. Ella parecía no estar interesada en unirse a ese mundo, pero sí en conocerlo lo más posible.
Aquel sábado, mientras seguía absorta en el mundo de Belcebú, la llamaron para cenar.
Como una buena niña, se sentó inmediatamente en la mesa. Para su sorpresa aquel día su padre también ceno en esa mesa después de un largo tiempo sin hacerlo.
El silencio parecía reinar en esa habitación, y las múltiples miradas entre los padres de la Jessica, hacían que el ambiente fuera más tenso aún.
La niña pronto entendió que el único motivo por el que sus padres no empezaban una discusión, era que estaba ella presente, pero tampoco iba a ser ella la que se metiera en medio de aquella silenciosa disputa.
Cuando la noche ya cayó por completo, la niña tuvo que irse a la cama a dormir, pero pronto empezó a oír gritos procedentes de una habitación contigua, la de sus padres.
Intentó dormir lo más que pudo, y el cansancio la ayudo a conseguirlo.
A la mañana siguiente, podía notarse con claridad en el rostro de su madre que había estado llorando, y no parecía que estuviera de muy buen humor.
El día pasó, y con él, mil gritos más entre los adultos de esa casa. La niña triste por lo que estaba ocurriendo, se había escondido en el trastero, y ahí estaba, entre cajas, polvo y trastos, sentada en una vieja mecedora, leyendo su libro.
Leer era lo único que la ayudaba a olvidarse de todo lo que había a su alrededor y la transportaba a otro mundo, plagado de magia.
Y entre gritos, pudo leer por fin quien era Lilith.
Los niños que la acompañaban corrieron en busca del mejor libro, para impresionar al resto de su clase. Todos fueron directos a la zona de la literatura infantil, bueno, todos no, Jessica decidió dar una vuelta por todo el edificio, en busca de algo realmente interesante.
En profundo silencio, recorrió una y otra estantería, leyendo cada uno de los títulos que se encontraba delante de ella. Y allí, en una esquina, encontró algo, que la hizo sonreír. Se trataba de una sección únicamente de libros sobre magia y mitología. Esos libros no eran los que podían encontrarse en la sección infantil, con miles de dibujos, sino libros grandes, pesados, y, sobretodo, antiguos. -Historias de brujas, Mitologías del mundo, La historia del Tarot…- Jessica fue leyendo los títulos de los libro uno a uno, hasta que por fin, llegó a uno que, definitivamente, era el que quería.
Con una delicadeza increíble, alargó el brazo y cogió aquel libro.
-La estirpe de Lilith…-.
Jessica no sabía quién era Lilith, pero decidió que ese era el libro que quería.
Era un libro antiguo, de color rojo, sin portada alguna, excepto unas letras negras que formaban el título. No tenía escrito el autor en ningún lado, ni nada que pudiera relacionarlo con una persona, o un país.
Feliz por haber encontrado aquel libro, volvió con sus compañeros.
Terminado el horario escolar y de vuelta ya en casa, Jessica se dispuso a leer su nuevo libro. Estaba escrito en castellano antiguo y a mano, lo que dificultaba la lectura a aquella pobre niña. Aún así, pudo descubrir un maravilloso mundo de demonios, vampiros, súcubos e íncubos. Pero la duda de quién sería esa tal Lilith, aun no tuvo respuesta alguna.
Así, pasaron los días, y el mundo de las tinieblas y la oscuridad fue abriéndose paso por la mente de la inocente niña. Ella parecía no estar interesada en unirse a ese mundo, pero sí en conocerlo lo más posible.
Aquel sábado, mientras seguía absorta en el mundo de Belcebú, la llamaron para cenar.
Como una buena niña, se sentó inmediatamente en la mesa. Para su sorpresa aquel día su padre también ceno en esa mesa después de un largo tiempo sin hacerlo.
El silencio parecía reinar en esa habitación, y las múltiples miradas entre los padres de la Jessica, hacían que el ambiente fuera más tenso aún.
La niña pronto entendió que el único motivo por el que sus padres no empezaban una discusión, era que estaba ella presente, pero tampoco iba a ser ella la que se metiera en medio de aquella silenciosa disputa.
Cuando la noche ya cayó por completo, la niña tuvo que irse a la cama a dormir, pero pronto empezó a oír gritos procedentes de una habitación contigua, la de sus padres.
Intentó dormir lo más que pudo, y el cansancio la ayudo a conseguirlo.
A la mañana siguiente, podía notarse con claridad en el rostro de su madre que había estado llorando, y no parecía que estuviera de muy buen humor.
El día pasó, y con él, mil gritos más entre los adultos de esa casa. La niña triste por lo que estaba ocurriendo, se había escondido en el trastero, y ahí estaba, entre cajas, polvo y trastos, sentada en una vieja mecedora, leyendo su libro.
Leer era lo único que la ayudaba a olvidarse de todo lo que había a su alrededor y la transportaba a otro mundo, plagado de magia.
Y entre gritos, pudo leer por fin quien era Lilith.
La estirpe de Lilith- 1º parte
Bueno, una vez más, os traigo una de mis historias. Esta vez, quizá el comienzo os pueda recordar un poco a la historia "El escondite de Carolina", pues e de admitir que ese comienzo me gusta. Esta historia estaba pensada para un concurso. Al no resultar ganadora os la dejo para que me deis vuestra opinión.
Las lágrimas de la luna inundan nuestro mundo sin que nos demos cuenta, mientras la luna, sigue su llanto sin fin. Un llanto frío y solitario, nacido a causa del triste destino de la magia…
Mucha gente no cree en el destino, se niegan a pensar que su vida está escrita en algún lugar y ellos no son capaces de cambiarla. Otros, no creen en la magia, ven absurdos los cuentos de hada, y solo creen en lo demostrable por el hombre. Por el contrario, todavía hay gente que cree en estos hechos, por desgracia, la mayoría son tomados por locos o, simplemente, no lo admiten públicamente.
Ahora yo pregunto, ¿locos? ¿Por qué?, ¿por creer en algo que creíamos todos de pequeños y misteriosamente, dejó de ser verdad con la edad? Realmente lo que intento buscar es la respuesta de por qué dejamos de creer en lo más hermoso de la vida, la magia… Yo voy a ser sincera, y creo en ella. Es algo que ha habido desde los principios de los tiempos, y no me refiero a la magia de la creación o la de los Dioses, sino a la de los seres como los vampiros, duendes o licántropos. Esas historias que poseen todas las culturas, en tiempos en los que entre ellas no se comunicaban. Me gusta ese dato, puede que solo sean historias para atormentar a los niños, pero se crearon a la vez, en distintos sitios del planeta, sin que estuviesen comunicados entre sí, historias de algo aparentemente inexistente, etéreo, sin vida. Pero claro, yo no voy a intentar convencerte de la existencia de la magia, eso es algo que tienes que descubrir tú solo…
Esta es la historia de una joven niña, que un día, pudo vivir una gran aventura, pues aunque la gente no crea en la magia, ella sí lo hizo.
Esa joven niña de cabellos rojos como el fuego y verdes ojos como la hierba, nació en una familia rica de la ciudad de Madrid. Era una niña risueña, soñadora y humilde, pues aún pudiendo tenerlo todo, prefería no tener nada. Ella tenía grandes amigos a su alrededor que la hacían feliz, también poseía una madre encantadora. Pero de su padre nunca supo nada, pues aquel hombre, parecía que solo vivía para su trabajo.
A la joven niña no parecía importarle que su padre no estuviera con ella, ya se había acostumbrado.
Y, poco más podemos decir, excepto su nombre, Jessica.
Las lágrimas de la luna inundan nuestro mundo sin que nos demos cuenta, mientras la luna, sigue su llanto sin fin. Un llanto frío y solitario, nacido a causa del triste destino de la magia…
Mucha gente no cree en el destino, se niegan a pensar que su vida está escrita en algún lugar y ellos no son capaces de cambiarla. Otros, no creen en la magia, ven absurdos los cuentos de hada, y solo creen en lo demostrable por el hombre. Por el contrario, todavía hay gente que cree en estos hechos, por desgracia, la mayoría son tomados por locos o, simplemente, no lo admiten públicamente.
Ahora yo pregunto, ¿locos? ¿Por qué?, ¿por creer en algo que creíamos todos de pequeños y misteriosamente, dejó de ser verdad con la edad? Realmente lo que intento buscar es la respuesta de por qué dejamos de creer en lo más hermoso de la vida, la magia… Yo voy a ser sincera, y creo en ella. Es algo que ha habido desde los principios de los tiempos, y no me refiero a la magia de la creación o la de los Dioses, sino a la de los seres como los vampiros, duendes o licántropos. Esas historias que poseen todas las culturas, en tiempos en los que entre ellas no se comunicaban. Me gusta ese dato, puede que solo sean historias para atormentar a los niños, pero se crearon a la vez, en distintos sitios del planeta, sin que estuviesen comunicados entre sí, historias de algo aparentemente inexistente, etéreo, sin vida. Pero claro, yo no voy a intentar convencerte de la existencia de la magia, eso es algo que tienes que descubrir tú solo…
Esta es la historia de una joven niña, que un día, pudo vivir una gran aventura, pues aunque la gente no crea en la magia, ella sí lo hizo.
Esa joven niña de cabellos rojos como el fuego y verdes ojos como la hierba, nació en una familia rica de la ciudad de Madrid. Era una niña risueña, soñadora y humilde, pues aún pudiendo tenerlo todo, prefería no tener nada. Ella tenía grandes amigos a su alrededor que la hacían feliz, también poseía una madre encantadora. Pero de su padre nunca supo nada, pues aquel hombre, parecía que solo vivía para su trabajo.
A la joven niña no parecía importarle que su padre no estuviera con ella, ya se había acostumbrado.
Y, poco más podemos decir, excepto su nombre, Jessica.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)